RECORDANDO AL QUERIDO PADRE EDUARDO DÍAZ

Hoy conmemoramos un año de la partida del amigo, compañero y pastor Eduardo Díaz.

Su historia en Barrancabermeja, Magdalena Medio comenzó en 19970, cuando tenía 28 años, Monseñor Bernardo Arango Henao, obispo de Barrancabermeja, lo acogió con mucho afecto.

En 1972 fue nombrado vicario Diocesano de Pastoral y párroco de Yondó, allí fundo el Colegio Agropecuario que lleva su nombre y en 1975 nuevamente es nombrado vicario en la Catedral de la Inmaculada. En esa época junto con otros sacerdotes conformo un grupo de estudios, teología y análisis de la realidad, que lo llevo a un compromiso radical con las comunidades más pobres y excluidas. Así mismo, formo parte de un grupo de sacerdotes llamado SAL (Sacerdotes de América Latina) que quisieron poner en práctica el documento de la conferencia episcopal latinoamericana que se reunió en Medellín en 1968; Documento que junto con el del Concilio Vaticano ll, marcaron un hito en la renovación de la Iglesia latinoamericana, que dio origen a la denominada Teología de la Liberación.

Desde esta apuesta y práctica de ser pastor y construir comunidades de base, El Padre Eduardo enseñó una gran generación que aprendió a caminar con el Dios de la vida y a soñar con el derecho a ser personas sujetas colectivas defensoras de los derechos humanos. También fue director de La Comisión Diocesana de Pastoral Social, que se convirtió en una escuela de Formación de Líderes Sociales. En noviembre de 1975 fue nombrado Vicario Pastoral de la Parroquia del Señor de los Milagros, hasta 1977. En esos tiempos conformaron un grupo con Juan de Dios Castilla Mell, Sofia Salcedo y una religiosa de la comunidad Asuncionista, Eduardo y Gabriel Ojeda, hicieron de estos encuentros un verdadero movimiento estímulo al liderazgo de muchos jóvenes Cristianos Católicos para participar de procesos de cambios social y político, que junto con el padre Floresmiro López fundaron el Colegio Camilo Torres Restrepo y ante esa intensa labor evangelizadora y organización de comunidades más pobres del Nororiente de la ciudad formaron los clubes de Ama de Casa, que más tarde dieron origen a la Organización Femenina Popular.

El Padre Eduardo nos enseñó a vivir en comunidad, a validar la rebeldía con causa y a la vez con propuestas y soluciones que permitieran la exigencia y la construcción de los derechos de comunidades y pueblos.

El Padre Eduardo nos enseñó que lo político se construye y se defiende con amor, porque el amor es profundamente político.

El Padre Eduardo fue un hombre y un pastor que construyo historia en este territorio, su legado de Fe es un deber de los y las presentes así como de las nuevas generaciones, de mujeres y hombres, que facilite, impulse y renueve compromisos en estas nuevas épocas en la región y del país.

Que el Dios de la vida fortalezca nuestra Fe en la teoría ay la práctica como nuestro pastor Eduardo Días nos enseñó. Que así sea!